LAS HABICHUELAS MÁGICAS

Hola, somos Yago Mesa Villabrille, Jerónimo Romero Nosti y Mateo Menéndez Gómez de 3ºC y de 3ºA y hemos hecho una adaptación en primera persona y en una época más actual del cuento de Las Habichuelas Mágicas.Imagen relacionada

“Estaba yo jugando con mi amiga vaca, Eustaquia, y de repente, sin avisar mis padres me dijeron que fuera inmediatamente al mercado a venderla, porque como no tengo dinero, algo habría que hacer para sobrevivir. Yo estaba muy triste, pero tuve que ir igual. Nadie quería la vaca, hasta que llegó un señor con ropas de marca, pulseras y dientes de oro y hablando por un Iphone X8 plus, el señor se paró y me dijo:  “Te compro la vaca por una moto-sierra y tres habichuelas muy especiales”, yo ya llevaba allí unas horas y estaba muy aburrido, así que acepté el trato.

Cuando llegué a casa me echaron la bronca más grande del siglo y la verdad no se porque me riñeron, me dijeron que vendiese la vaca, pero no por cuánto. Mi padre cogió las habichuelas y las tiró a los cultivos por la ventana, menos mal que antes de entrar escondí la moto-sierra fuera de la casa, porque si no la hubiera tirado también.

Al día siguiente me levanté muy pronto para ir a buscar las habichuelas, abrí la ventana y vi que por la noche había llovido muchísimo, pero no fue eso lo que me sorprendió, ¡había una planta gigante que atravesaba las nubes en el jardín! Rápidamente fui a coger el patatófono de mi madre y le saqué una foto al vegetal. Justo después cogí la moto-sierra y me fui a escalar las habichuelas.

Cuando después de una hora, conseguí llegar arriba, vi que en una de las nubes había una casa gigantesca, he de decir que tampoco me sorprendió demasiado. La mega-puerta estaba abierta, así que decidí adentrarme en ella. En cuanto entré, vi que la casa estaba muy sucia y llena de telarañas, también había muebles enormes y dos gigantes en el sofá jugando a la play. Miré hacia el otro lado y en un tarro de mermelada, había un hada muy pequeñita, me extrañó mucho ver que ese bote era de un tamaño normal, lo demás se veía demasiado desproporcionado frente al frasco.

Quería liberar al hada, ya que parecía muy triste, bueno y también porque detrás del tarro había un montón de lingotes de oro. Fui hacia allí y la saqué de dentro, velozmente salió volando hacia el techo de la casa, pero no le presté mucha atención, porque yo iba a lo que iba, ¡a por el oro! En cuanto lo cogí, el hada empezó a gritar muy fuerte, los gigantes saltaron del sofá y me miraron con cara de pocos amigos, yo eché a correr como si no hubiera un mañana,dando por hecho que me estaban persiguiendo, pero iba muy cansado, porque llevaba el oro y la moto-sierra a cuestas. Cuando bajé la planta gigante, agarré el cacharro, con el que estuve cargando todo el día, y corté el vegetal de cuajo, miré hacia arriba y vi a los dos gigantes cayéndose de la planta, de hecho uno de ellos no me aplastó por un pelo, pero bueno, yo estaba muy feliz porque había conseguido mucho dinero para mi familia.”

Al cabo de un mes yo y mis padres estábamos viviendo en un chalet con tropecientas habitaciones y otros tantos cuartos de baño, ascensor, piscina, yacuzzi y toneladas de comida, además mis padres me compraron una nueva vaca llamada Eustaquia segunda, en honor a mi anterior vaca.

 

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